01
NOV
2013

¡Cuídado! ¡Podrías tomar una decisión errónea!

Uno de los grandes miedos que nos impiden progresar en la vida es nuestra dificultad para tomar decisiones
El problema consiste en que nos han enseñado: “¡Cuídado! ¡Podrías tomar una decisión errónea!” Cuando pensamos así podemos llegar a sentir terror dentro de nuestro corazón.

Tememos que esta decisión nos prive de algo… de dinero, amigos, pareja, de nuestra condición social o de cualquier otra cosa que nos pueda aportarnos presuntamente a la decisión “correcta”.
Estrechamente ligado a esto, se encuentra nuestro pánico a cometer errores. Por algún motivo sentimos que tenemos que ser perfectos y olvidamos que aprendemos de cada situación y también de nuestros errores.

Cómo dijo Susan Jeffers: “Vivimos en un mundo donde la mayoría de las personas se toman a sí mismas y sus decisiones demasiado en serio. Te diré una cosa. Nada es tan importante. ¡Palabra! Si, a consecuencia de una decisión que tomas, pierdes algún dinero, no hay problema… aprenderás a afrontar la pérdida de dinero. Si pierdes una pareja… no hay problema… encontrarás otra. Si optas para divorciarte, no hay problema… aprenderás a vivir por tu cuenta. Si decides casarte, no hay problema… aprenderás a afrontar una nueva manera de compartir”
“El secreto no está en preocuparse por haber tomado una decisión errónea: sino en aprender cuando la tienes que corregir!”

Empieza a pensar en ti mismo como un estudiante permanente en la gran universidad de la vida. Cada experiencia es una lección valiosa que hay que aprender.

“Si optas por el camino A, llegarás a probar las fresas. Si optas por el B, probarás las moras. Si detestas las fresas y las moras, podrás encontrar otro camino”.

“El secreto consiste simplemente a aplicarse donde está el pupitre y aprender todo el posible sobre ti mismo y el mundo que te rodea”.

De forma que… ¡Anímate! ¡¡¡Suceda el que suceda como consecuencia de tus decisiones, tú lo podrás afrontar!!!”

El camino que emprendemos a menudo empieza con un error… que corregimos, pasamos al error siguiente… que corregimos, pasamos al siguiente… que se convierte en el siguiente error… que, una vez más corregimos. De forma que el único momento en que estamos realmente en la ruta correcta es cuando la atravesamos en zig-zag. Con este ejemplo nos permite ver que, en la vida… ¡El secreto no está al preocuparse por haber tomado una decisión errónea: sino aprender cuando la tienes que corregir!

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